Políticas Públicas
La ONU tiene una oportunidad histórica: dejar de hablar de vejez y empezar a hablar de longevidad

La decisión de las Naciones Unidas de avanzar en una Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas Mayores representa un paso histórico. Durante años, organizaciones de todo el mundo impulsaron la necesidad de contar con un instrumento que reconociera y protegiera los derechos de una población que crece aceleradamente en todos los países. Sin embargo, la verdadera oportunidad no está solo en crear una nueva convención, sino en definir desde qué mirada se la construirá. La forma en que describimos un problema condiciona las soluciones que imaginamos para abordarlo.
Hasta ahora, gran parte de la agenda vinculada a las personas mayores estuvo centrada en conceptos como vulnerabilidad, dependencia, cuidados y protección. Sin duda, estos temas son relevantes y requieren atención. Pero la realidad demográfica actual nos obliga a ampliar el enfoque. Vivimos más años, llegamos en mejores condiciones a edades avanzadas y transitamos etapas de vida que eran impensadas para generaciones anteriores. Hablar exclusivamente de vulnerabilidad resulta insuficiente para comprender la revolución demográfica que estamos viviendo.
La longevidad es uno de los mayores logros de la humanidad. Sin embargo, seguimos organizando nuestras instituciones bajo supuestos que pertenecen a otro siglo. Los sistemas previsionales, las carreras laborales, la formación profesional e incluso muchas políticas públicas fueron diseñados para sociedades donde las personas vivían mucho menos tiempo. Hoy millones de personas mayores continúan trabajando, emprenden nuevos proyectos, adquieren nuevas habilidades, generan ingresos, cuidan a otros y contribuyen activamente a sus comunidades. La pregunta ya no es solamente cómo proteger a quienes envejecen, sino cómo crear condiciones para que puedan seguir desarrollando su potencial.
Por eso, la nueva Convención tiene la posibilidad de convertirse en un instrumento verdaderamente innovador. Más que definir derechos desde la fragilidad, podría reconocer el derecho de todas las personas a participar plenamente de la vida económica y social sin que la edad se convierta en una barrera. Esto implica promover entornos laborales inclusivos, acceso a capacitación permanente, oportunidades para emprender, mecanismos que combatan la discriminación por edad y políticas que permitan aprovechar el talento y la experiencia acumulada a lo largo de la vida. La edad no debería ser una barrera para trabajar, aprender, emprender o participar en la vida económica y social.
Esta discusión también pone en evidencia una deuda pendiente de la agenda internacional. A diferencia de otros grupos poblacionales, las personas mayores no cuentan con un Objetivo de Desarrollo Sostenible específico dentro de la Agenda 2030. Si bien el envejecimiento aparece de manera transversal en distintos ODS vinculados a salud, trabajo, reducción de desigualdades o ciudades sostenibles, la longevidad continúa sin ocupar un lugar explícito en las prioridades globales. Resulta llamativo si se considera que el edadismo sigue siendo una de las últimas formas de discriminación socialmente aceptadas y que el cambio demográfico es una de las transformaciones más profundas de nuestro tiempo. No alcanza con que la longevidad aparezca dispersa en distintos objetivos: su impacto merece un reconocimiento propio dentro de la agenda global.
El desafío es especialmente relevante en un contexto donde la caída de la natalidad y el aumento de la expectativa de vida están modificando la composición de nuestras sociedades. En las próximas décadas necesitaremos más personas trabajando durante más tiempo, más intercambio intergeneracional y nuevas formas de generar productividad. Seguir considerando a la población mayor principalmente como una carga o un grupo dependiente no solo es injusto; también representa un error estratégico para países que necesitarán aprovechar cada vez más el capital humano disponible.
La Convención que comienza a discutirse puede marcar un punto de inflexión. Puede consolidar una visión centrada únicamente en la protección o puede ayudar a construir una nueva narrativa para la era de la longevidad: una donde las personas sean reconocidas por sus capacidades y no por su fecha de nacimiento. Desde The Shift Foundation seguimos este proceso con especial interés y recientemente hemos presentado nuestra candidatura para obtener estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), convencidos de que la conversación sobre longevidad necesita incorporar una mirada centrada en la participación, la productividad, la innovación y las oportunidades que surgen de una sociedad que vive más años. El desafío de este siglo no es gestionar el envejecimiento, sino aprovechar las oportunidades de una sociedad más longeva. Porque la longevidad cambió las reglas. Ahora tienen que cambiar los derechos.