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Talento y Trabajo

La red que puede sostener una carrera de 60 años

agosto de 20265 min de lectura
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Durante décadas construimos nuestras redes profesionales dentro de una sola industria. Pero en una vida de 100 años, donde las carreras serán más largas y las reinvenciones más frecuentes, ese modelo ya no alcanza. Sofia Quilici y Gabriela Terminielli exploran por qué las redes diversas, capaces de conectar personas, industrias y conocimientos diferentes, se convertirán en uno de los activos más valiosos para navegar el futuro del trabajo.

La red que puede sostener una carrera de 60 años

Durante décadas, gran parte de nuestra vida profesional se organizó alrededor de una lógica relativamente previsible: estudiar, ingresar a una industria, crecer dentro de ella, acumular experiencia y retirarse. Las empresas cambiaban, los cargos podían modificarse y el contexto nunca era completamente estable, pero la identidad profesional conservaba cierta continuidad. Una persona podía presentarse durante buena parte de su vida diciendo que era bancaria, periodista, abogada, publicista o ingeniera, y esa definición alcanzaba para explicar no solamente lo que hacía, sino también el mundo al que pertenecía.

Las redes se construyeron siguiendo esa misma lógica. Conocíamos a personas de nuestra industria, asistíamos a los mismos eventos, conversábamos con quienes compartían nuestros problemas y acumulábamos vínculos dentro de un territorio reconocible. Esa concentración tenía sentido porque el futuro se parecía bastante al presente.

Pero una vida de 100 años modifica esa ecuación.

El economista Andrew J. Scott, coautor junto con Lynda Gratton de The 100-Year Life y autor de The Longevity Imperative, sostiene que el aumento de la longevidad no significa simplemente vivir más años, sino reorganizar las etapas de la vida. El modelo lineal de educación, trabajo y retiro resulta insuficiente cuando las personas pueden tener carreras mucho más extensas, atravesar diferentes identidades laborales y necesitar períodos recurrentes de aprendizaje, exploración y reinvención.

En ese escenario, el networking adquiere una relevancia diferente: una red es el sistema de relaciones que amplía las posibilidades desde las cuales una persona puede pensar, decidir y construir su futuro.

El riesgo de una red demasiado parecida a nosotros

Solemos evaluar nuestras redes por su tamaño, por la jerarquía de quienes las integran o por la posibilidad inmediata de obtener una presentación, una reunión o una oportunidad. Sin embargo, para una carrera que puede durar cinco o seis décadas, la pregunta más importante quizás sea otra: ¿cuántos futuros distintos caben dentro de nuestra red?

Una persona puede tener una agenda repleta de contactos y, al mismo tiempo, estar encerrada en un solo universo. Si todos sus vínculos trabajan en la misma industria, la red puede ser numerosa pero ofrecer pocas alternativas reales.

Durante los períodos de estabilidad, esa homogeneidad parece una fortaleza. Permite circular información con rapidez, comprender los códigos del sector y consolidar una posición. El problema aparece cuando la industria se contrae, la tecnología transforma los roles, el mercado deja de valorar una habilidad o la propia persona descubre que ya no quiere continuar haciendo lo mismo durante los siguientes 25 años.

En esos momentos, la red funciona como un mapa de las posibilidades disponibles. Una red concentrada devuelve siempre caminos conocidos. Una red diversa incorpora otros lenguajes, modelos de negocio, problemas, profesiones y maneras de interpretar el mundo.

Gratton y Scott incluyen precisamente a las redes diversas entre los activos necesarios para atravesar una vida de múltiples etapas. Su planteo es que las personas con mayor autoconocimiento y vínculos heterogéneos estarán mejor preparadas para realizar transiciones, porque podrán acceder a experiencias, oportunidades y modelos de referencia diferentes. En el diagnóstico desarrollado por los autores, las redes homogéneas aparecen como una limitación concreta para cambiar de etapa y ampliar las opciones futuras.

La red no solamente nos conecta con oportunidades, también determina qué oportunidades somos capaces de imaginar.

Las conexiones entre industrias serán el nuevo capital profesional

Las grandes transformaciones rara vez permanecen encerradas dentro de un solo sector. La inteligencia artificial atraviesa la medicina, las finanzas, la educación, el comercio y los medios. La longevidad involucra al sistema de salud, pero también al diseño urbano, los seguros, el consumo, la tecnología, el entretenimiento y el mercado laboral. La transición energética modifica industrias que durante años pudieron pensarse por separado.

Los problemas se volvieron transversales, pero muchas redes profesionales continúan organizadas en silos.

Por eso, las conexiones entre industrias serán cada vez más valiosas. No solamente porque permiten detectar oportunidades antes que otros, sino porque ayudan a traducir ideas entre mundos que todavía no conversan. Una persona que conoce profundamente un sector y, al mismo tiempo, mantiene vínculos genuinos con personas de otros ámbitos puede identificar patrones, importar soluciones y construir combinaciones que dentro de una única industria resultarían improbables.

Las innovaciones más interesantes no siempre nacen de saber más sobre lo mismo. Muchas veces aparecen cuando alguien logra conectar conocimientos que hasta entonces circulaban por separado.

El networking como infraestructura de futuro

En una vida de 100 años, la longevidad profesional no dependerá únicamente de cuidar la salud, administrar los recursos económicos o actualizar las habilidades. También dependerá de conservar la capacidad de entrar en nuevas conversaciones.

No podemos anticipar cuáles serán todos los roles que ocuparemos, qué industrias surgirán ni qué conocimientos perderán valor, pero sí podemos construir una red que no nos encierre en una única versión de nosotros mismos.

El networking no garantiza una transición, un trabajo ni una oportunidad. Lo que hace es crear el escenario para que algo pueda suceder. Nos expone a ideas que todavía no habíamos considerado, nos permite comprender otros mundos y nos ofrece vínculos desde los cuales reconstruir nuestra identidad cuando la anterior deja de alcanzarnos.

La longevidad no solamente nos dará más tiempo. Nos obligará a encontrar nuevas maneras de utilizarlo. Y para atravesar una vida profesional de 50 o 60 años no alcanzará con tener experiencia. Necesitaremos una red lo suficientemente diversa como para ayudarnos a imaginar quiénes podemos ser después.

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